A menudo
atendemos parejas que tienen problemas con las mentiras. Ella quiere que él le
cuente toda la verdad, él tiene remordimientos por no contarle a su pareja la
verdad, él le contó la verdad y ella sufrió una fuerte debacle emocional que
casi la mata, etc.
Cuando hablamos
con nuestra pareja de nuestras cosas íntimas, le estamos mintiendo, o nos
estamos mintiendo porque de las cosas íntimas no se debe hablar con la pareja
sino con un psicoanalista.
El psicoanalista
sabe que Lo QUE DICE el paciente no hay que creérselo pero no porque sea una
mentira sino porque está deformado, disfrazado y en lo que dice hay un saber,
inconsciente que es lo que el psicoanalista va a interpretar.
Hay un montón de
mentiras con las que convivimos. Es una mentira decirle a las mujeres que son
iguales que los hombres porque eso es teóricamente indemostrable. El ser humano
es otra mentira de la palabra.
Vivir sin
engañarse a sí mismo es un trabajo y un imposible de alcanzar porque somos
seres complejos, sujetos del lenguaje.
Tener al otro es
una ilusión, no se puede tener al otro, nadie es de nadie, las mujeres tampoco.
Si revisan su lenguaje seguro que hay un montón de frases que apuntan en esta
dirección: “le quitó la novia”, por ejemplo y sintió que lo quería matar, pero
ven ya es una frase, no lo mató.
Los sentimientos
se pueden transformar en palabras, aunque parezca mentira y asociándose a
palabras son sentimientos más civilizados, más humanos.
La palabra está
separada de la cosa, esa es una de las primeras verdades, que no se debe
aspirar a la verdad. El niño entra en el lenguaje con la primera mentira,
cuando dice, el perro hace miau, cuando es capaz de separar la palabra de la
cosa como una verdad tangencial, ahí entra en el lenguaje. Y después se separa
de la madre, se libera del amor voraz de la madre cuando aprende a mentirle.
Muchas personas
tienen muchos problemas porque nunca mienten, no aprendieron a mentir y van por
la vida como si lo que dijeran fuera verdad o como si todo lo que le dijeran
los otros fuera verdad, y claro, se problematizan.
Son mentiras las
formas, sólo mediante la interpretación psicoanalítica podemos construir alguna
verdad sobre el sujeto y su deseo, pero eso después de muchos años de análisis.
Existe la mentira
piadosa, es decir, si ni siquiera sabes si es verdad para que le vas a decir al
otro y si le haces daño era porque era para hacerle daño que se lo dijiste, era
una “verdad” dolorosa dedicada o una verdadera dedicatoria.
Luego está la mentira
compulsiva o la mitomanía, que ya es un goce y una enfermedad.

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